La historia de Rosa Solá no empezó con su muerte, sino mucho antes, cuando ya había denunciado situaciones de violencia que quedaron registradas tanto en procesos judiciales como en sus propias redes sociales. Hoy, su caso vuelve a escena de la forma más brutal: su cuerpo fue hallado decapitado y parcialmente quemado en una zona aislada de La Angostura, en el municipio de El Torno.
El hallazgo ocurrió tras el aviso de un vecino que se topó con la escena en un camino cercano al río. El cuerpo, sin cabeza y en llamas, encendió las alertas de la Policía y dio inicio a una investigación que, según la Fiscalía, apunta a un posible feminicidio.
Las autoridades confirmaron que la víctima ya figuraba en denuncias previas, lo que refuerza la hipótesis de un círculo de violencia que no fue detenido a tiempo. A esto se suman testimonios cercanos que revelan aspectos aún más delicados de su situación personal: era madre y, según una allegada, estaba embarazada.
Mientras el Ministerio Público avanza en la identificación plena de responsables, el caso expone nuevamente una realidad incómoda: las señales de alerta existían, pero no fueron suficientes para evitar un desenlace fatal.