El Presupuesto General del Estado reformulado para 2026 deja ver una economía en modo defensivo. Analistas coinciden en que el ajuste responde a la urgencia de contener el deterioro económico, pero no alcanza para impulsar una recuperación real. Las proyecciones oficiales ya reconocen una contracción del PIB, inflación elevada y un déficit fiscal considerable, reflejando un escenario más complejo del previsto meses atrás.
Desde la mirada de economistas, el país se encamina a un tercer año consecutivo de caída, con señales de debilidad estructural como la escasez de divisas y la dependencia de un sector hidrocarburífero en retroceso. Aunque el Gobierno ajustó sus cifras hacia un enfoque más realista, advierten que el presupuesto actúa más como un freno de emergencia que como un motor de crecimiento.
En ese contexto, especialistas sostienen que el verdadero desafío no está solo en equilibrar las cuentas, sino en encarar reformas profundas que permitan recuperar confianza, atraer inversión y generar nuevas fuentes de ingresos. Sin esos cambios, el PGE se limita a ganar tiempo en medio de una economía que sigue bajo presión.