El fenómeno “Therian”, jóvenes que aseguran identificarse con un animal y adoptan parte de su conducta como forma de expresión, comienza a generar preguntas dentro de muchas familias. Frente a esta tendencia, el psicólogo Luis Fernando Camacho llama a la calma: no se trata, en la mayoría de los casos, de un trastorno mental, sino de una etapa de identificación simbólica que necesita acompañamiento y límites claros.
El especialista recomienda evitar reacciones de burla, enojo o prohibiciones tajantes. Escuchar primero, preguntar después y recién entonces establecer normas. Los límites explica deben basarse en tres pilares: responsabilidad personal, respeto a la familia y adecuado desarrollo social. Si la conducta no vulnera estos aspectos, puede manejarse como parte de un proceso de exploración propio de la niñez o adolescencia.
Sin embargo, advierte que la situación cambia cuando el menor deja el plano simbólico y comienza a rechazar su condición humana o intenta imitar conductas que pongan en riesgo su salud, como modificar su alimentación o exponerse a daños físicos. En esos casos, sí es necesaria la intervención profesional. El mensaje central es claro: acompañar sin ridiculizar, pero también marcar límites firmes cuando la seguridad y la identidad están en juego.