El sistema de evaluación en las unidades educativas del país fue modificado con una nueva resolución del Ministerio de Educación que busca dejar atrás los criterios confusos y dar paso a una forma de calificar más clara y basada en evidencias dentro del aula.
Desde esta gestión, los estudiantes ya no serán evaluados en cuatro dimensiones, sino en tres: el comportamiento y los valores, los conocimientos y las habilidades prácticas. A estos se suma la autoevaluación, que se mantiene como parte del puntaje final. La distribución establece que el “ser” tendrá 10 puntos, el “saber” 45, el “hacer” 40 y la autoevaluación 5, completando un total de 100 puntos.
Según las autoridades educativas, el cambio apunta a que los docentes tengan criterios más concretos para poner notas. En el caso del “ser”, los profesores deberán registrar de manera sistemática conductas como el respeto, la responsabilidad o la solidaridad, usando planillas oficiales que permitan respaldar cada calificación con observaciones reales.
La dimensión llamada “decidir” fue eliminada porque evaluaba aspectos fuera del aula, como la conducta del estudiante en su barrio o comunidad, algo que los maestros no podían verificar. Esos elementos ahora pasan a formar parte del “ser”, evitando así valoraciones subjetivas o arbitrarias y buscando que la evaluación sea más justa y transparente.