A pocos días de su ejecución en Alabama, Estados Unidos, Charles “Sonny” Burton, de 75 años, recibió un indulto que evitó su muerte. Había sido condenado por un homicidio ocurrido durante un robo en 1991, aunque las propias investigaciones reconocían que no fue él quien disparó ni se encontraba en el lugar cuando ocurrió el asesinato.
Burton participó junto a otros cinco hombres en el asalto a una tienda de repuestos en Talladega. Sin embargo, ya había abandonado el establecimiento cuando uno de sus cómplices disparó contra un cliente, quien murió tras el ataque. A pesar de ello, la legislación estatal permite que los participantes de un delito enfrenten la pena capital aunque no hayan sido los autores directos del homicidio.
La gobernadora de Alabama decidió conmutar la pena de muerte por cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. Argumentó que no podía autorizar una ejecución en un caso donde el responsable directo del disparo no fue ejecutado. La decisión también estuvo marcada por el pedido de clemencia de la hija de la víctima, quien afirmó que la muerte de Burton no traería justicia para su padre.