La imagen de ciudad intocable quedó sacudida en Dubái tras una ofensiva con drones y misiles que impactó símbolos de su prosperidad. Uno de los ataques alcanzó el icónico hotel Burj Al Arab, convertido durante décadas en emblema de estabilidad y riqueza en la región.
Las explosiones también afectaron zonas exclusivas como Palm Jumeirah y áreas estratégicas como el puerto de Puerto de Jebel Ali y el aeropuerto internacional, pilares económicos del emirato. Aunque los daños materiales generaron conmoción, muchos residentes aseguran que no planean abandonar la ciudad y mantienen la percepción de que sigue siendo uno de los lugares más seguros del mundo.
El ataque, atribuido a Irán en el marco de la escalada regional, no solo golpea infraestructuras, sino también el modelo de Dubái como refugio financiero y turístico en Medio Oriente. La ofensiva marca un antes y un después para un emirato que durante años logró mantenerse al margen de los conflictos que rodean al Golfo.