A diez años del referendo del 21 de febrero de 2016, el llamado 21F vuelve al centro del debate político como uno de los episodios más determinantes de la última década. En aquella jornada, el 51,3% de los bolivianos rechazó la reforma constitucional que buscaba habilitar una nueva repostulación del entonces presidente Evo Morales, marcando un punto de quiebre en el escenario nacional.
La consulta fue impulsada desde la Asamblea Legislativa para modificar la Constitución y permitir otra candidatura presidencial consecutiva. Sin embargo, el resultado consolidó un mensaje ciudadano que distintos líderes opositores interpretan hasta hoy como una defensa de los límites al poder. El expresidente Carlos Mesa calificó la fecha como un hito democrático y sostuvo que el 21F representó un freno al continuismo político, además de una advertencia sobre la necesidad de preservar los contrapesos institucionales.
En la misma línea, el gobernador cruceño Luis Fernando Camacho destacó el referendo como una expresión clara de la voluntad popular y un símbolo de libertad política. Ambos coinciden en que el 21F se convirtió en una referencia obligada cuando se habla de democracia y respeto a la decisión ciudadana.
El “NO” se impuso en seis departamentos Chuquisaca, Potosí, Tarija, Santa Cruz, Beni y Pando mientras que el “SÍ” logró mayoría en La Paz, Cochabamba y Oruro, reflejando un país dividido pero movilizado en torno a una decisión trascendental.
Una década después, el 21F no solo se recuerda como un resultado electoral, sino como un episodio que redefinió alianzas, discursos y el rumbo político de Bolivia, dejando instalada una discusión que aún atraviesa el presente.