Bolivia inicia una de las transformaciones tecnológicas más importantes de su historia audiovisual: la salida progresiva de la televisión analógica y la adopción total de la señal digital. El cambio marcará el fin de un sistema que acompañó por décadas a los hogares y abrirá paso a una nueva forma de consumir contenidos televisivos.
La transición implica que la señal tradicional dejará de emitirse y solo permanecerá activa la televisión digital, que ofrece mayor nitidez de imagen, mejor sonido y una oferta ampliada de canales. Este proceso se ejecutará por etapas en todo el país para permitir que la población se adapte sin interrupciones bruscas.
Sin embargo, el avance no está exento de retos. Miles de familias aún utilizan televisores antiguos que no cuentan con sintonizador digital, por lo que necesitarán un decodificador o deberán renovar sus equipos para no quedarse sin señal. Este punto genera preocupación, especialmente en hogares de bajos recursos y en zonas rurales.
La televisión digital también introduce nuevas funciones como subtítulos, guías de programación e información en pantalla, además de reducir interferencias y optimizar el uso del espectro radioeléctrico. Para el Estado y los medios, el desafío será garantizar que la información llegue con claridad y que el cambio no profundice la brecha tecnológica.
El apagón analógico es un paso inevitable hacia la modernización, pero su éxito dependerá de la difusión oportuna, el acompañamiento a la ciudadanía y la implementación de medidas que aseguren que nadie quede desconectado de la televisión, uno de los principales canales de información y entretenimiento del país.