Bolivia se prepara para un viraje económico acelerado. En un plazo de seis a siete meses —según adelantó el ministro de Economía, Gabriel Espinoza— el país experimentará cambios estructurales orientados a estabilizar los precios, recuperar la confianza y devolver capacidad de compra a las familias. El plan implica una mayor apertura al sector privado y el repliegue progresivo del Estado en áreas donde había ejercido un control casi absoluto durante años.
De acuerdo con Espinoza, la estrategia comienza por dos movimientos clave: permitir que YPFB comparta con privados la importación de combustibles —un paso destinado a aliviar la presión sobre las reservas del Banco Central— y poner fin al monopolio de Ende en la generación de electricidad. Paralelamente, el Gobierno dejará atrás las intervenciones excesivas en los mercados, con la promesa de reglas claras y disciplina fiscal.
“Estamos hablando de un programa integral de estabilización que será rápido. En los próximos meses la economía va a cambiar significativamente”, afirmó el ministro en el programa Asuntos Centrales. La meta central: frenar la inflación y proteger el poder adquisitivo mediante una política monetaria estricta y un gasto público ajustado a los ingresos reales.
El nuevo ciclo político comenzó el 8 de noviembre, cuando Rodrigo Paz asumió la Presidencia y realizó un diagnóstico crudo del aparato estatal. Apenas cinco días después, calificó lo encontrado como “una cloaca de dimensiones extraordinarias”, denunciando un Estado corroído por la mala administración y la corrupción estructural.
Espinoza respaldó esa valoración: “Hay que limpiar absolutamente todo. Conservar lo poco que funciona y sacar, sin ningún temor, todo lo que está mal”. Según el ministro, la precariedad heredada incluyó un Tesoro con niveles críticos de liquidez.
Pese al escenario adverso, las primeras acciones del nuevo Gobierno han producido impactos visibles. La normalización gradual del suministro de combustibles y las gestiones de financiamiento externo han contribuido a que el dólar caiga en el mercado paralelo hasta alrededor de Bs 10, muy por debajo de los picos de Bs 20 registrados meses atrás. En contraste, el tipo de cambio oficial se mantiene en Bs 6,96.
“Nos han dejado un Estado quebrado”, reiteró Espinoza. Sin embargo, el Ejecutivo asegura que el plan de estabilización ya está en marcha y que los próximos meses serán decisivos para sentar las bases de un nuevo modelo económico, menos dependiente del intervencionismo y más orientado a la eficiencia y la transparencia.