Bolivia inicia una etapa distinta en su economía con la puesta en marcha del tipo de cambio flexible, un giro que comienza mostrando diferencias claras entre el valor oficial y el que se mueve fuera del sistema financiero. En su primer día, el Banco Central fijó el dólar en Bs 9,73, marcando el inicio de un esquema que deja atrás años de cotización fija.
Sin embargo, en las calles la historia es otra. El mercado paralelo abrió la jornada con cifras que oscilan entre Bs 9,60 para la compra y Bs 9,89 para la venta, reflejando una dinámica propia que sigue respondiendo a la oferta y la demanda inmediata. Esta dualidad evidencia que, pese al cambio de política, aún conviven dos referencias que guían las decisiones económicas diarias.
El nuevo modelo establece que el tipo de cambio oficial será actualizado de forma cotidiana, en un intento por acercarse más al comportamiento real del mercado. Aun así, el precio paralelo continúa siendo un termómetro clave para comerciantes, importadores y ciudadanos que buscan acceder a divisas.
El desafío ahora está en reducir la distancia entre ambos valores y generar confianza en el sistema formal. El arranque del dólar flexible no solo redefine cifras, sino que también pone a prueba la capacidad del país para ordenar su mercado cambiario en medio de expectativas e incertidumbre.