Fallas repentinas, motores que se apagan y pérdida de potencia se han vuelto cada vez más comunes en vehículos y, sobre todo, en motocicletas. Talleres mecánicos reportan un aumento inusual de motores dañados por la llamada “carbonilla”, un residuo que obstruye inyectores y obliga a limpiezas frecuentes, generando gastos adicionales para los conductores.
Especialistas del rubro aseguran que este tipo de daño no era habitual y lo relacionan directamente con la gasolina que actualmente circula en el mercado. En motos de baja cilindrada, el problema se agrava al punto de exigir mantenimiento cada pocas semanas para evitar que el motor deje de funcionar por completo.
Desde el Gobierno se descarta que la causa sea la calidad del combustible importado. Las autoridades sostienen que el origen está en residuos acumulados en tanques y ductos de anteriores gestiones, lo que habría contaminado la gasolina al momento de la mezcla. Como respuesta, se anunciaron ajustes técnicos, mayor control en la cadena de distribución y análisis en laboratorios dentro y fuera del país.
El sector privado, especialmente los productores de etanol, también negó cualquier responsabilidad y defendió la calidad del biocombustible. Sin embargo, mientras continúan las investigaciones y los cruces de versiones, los usuarios siguen enfrentando fallas mecánicas y costos crecientes, en medio de una creciente desconfianza sobre el combustible que consumen a diario.